C Sh ( la autostopista de la curva de la carretera )
Thursday, December 01, 2005
- veinticuatro -
Y mastico un chicle de clorofila y luego otro, para matar en la boca el sabor aborrecible del tabaco. Sampedro me hace compañía. Habla de la fascinación que ejerció en él Tanger y su colorido rico en olfatos, en su infancia de niño con inquietudes, y luego de libros y de un desván en otros pueblos ya de España. Esa parte la leo mientras le espero. 'Escribir es Vivir', dónde dice que las ideas son como las oportunidades, que si no las agarras se pierden irremisiblemente. Por eso hay que estar muy atento, dice. Pero no me puedo concentrar más en la lectura. Mi pensamiento te viaja, te acecha: vas sentado en ese tren y hace minutos que miras impaciente por la ventanilla, la Magia se rompera, te preguntas, y también hace frío y echo en falta mis guantes. Es difícil concentrarse en la lectura cuando se siente frío. Y en ese momento hace un frío incunable, y hace rato que tengo ganas de mear pero en ese instante, y aunque suene ridículo me siento sola como una niña perdida, opaca personita, transparente en sus miedos. Llévame hasta el water, me gustaría pedirle a alguien. A ese operario de estación, por ejemplo, que sale con su bandera a señalizar la salida de cada tren de cercanías y me habla. Me parece ser capaz de escuchar sus pensamientos y por eso sería él más indicado pero no lo hago. Le miro en silencio y dejo que me mire en cada ida y vuelta que da hasta que me canso. No sé, después de unas cuatro o cinco veces. ¡Alejate de mi Interior! -grita mi mirada clavada al suelo con terca obstinación. Me horroriza ser un espacio abierto. Y no sé bien por qué me alegro de haber elegido ese libro, y ese silencio. Tal vez porque un día te escuché quejarte de la falta de un abuelo... y Sampedro es ese libro, lo que se Siente, es ante todo Abuelo.
¿Sabes? Te imagino con sombrero... 'tú sonríes tocando el ala de tu sombrero y yo... yo agito con donaire mi pañuelo'. No se estila, ya sé que no se estila que te pongas para cenar jazmines en el ojal', cantaba La Pradera.
Hoy no llueven mandarinas, hoy vamos paseando
- Veintitres -
Miércoles, 1 de diciembre
No puedo dejar de escuchar a Norah Jones 'Don't know why' mientras escribo y miro de vez en cuando el pecado de esa belleza sublime de Ana, y ya no me refiero solamente, con eso de sublime, a en la fotografía, mientras lee a Benedetti... ¡Jo-der! y nada menos que el 'No te salves... No te quedes inmóvil al borde del camino... no te duermas sin sueño, no te pienses sin sangre', y eso se lo has dado tú, y me dices que ella te resulta guapísima, ¿y Ana qué hace? Levanta esos ojos de prostituta uruguaya y te Mira. Y te ve. Te ve porque te Mira. Y yo lo sé porque también te he mirado así. Y ya sé lo que eso significa y por eso he pensado en lo que tengo que hacer. Tengo que inventarme una expresión que sirva para diseccionar estos momentos. Es que no sé si hay una autopsia. No sé si ya soy un cadáver. Puede que apretases el botón de al lado de la mesilla, y no haya descubierto todavía que la otra noche me arrojaste al abismo. Y he pensado en 'llueven mandarinas'. ¿Qué te parece? No puedo pasarme la vida escribiendo: lloro, o tengo ganas de llorar, o pronto sentiré que no logro más, reprimir el llanto... Y fíjate que yo no soy de llorar. Pero hoy, hace ocho días, bueno, nueve ya, que no sé de ti y llueven mandarinas. ¿Ves? Es más dulce. Más entremetido de gajo tierno y zumo azucarado. Menos lastimoso, y no se parece de ningún modo a una recriminación. Es lo que menos quisiera. También detesto eso. Y además sería un tremendo error porque no lo experimento así. No sé cómo lo experimento pero así no... no es Amargura. La amargura es siempre un mal sentimiento, y yo no tengo ningún otro que declarar, aparte de esta pena. Ya te lo dije, desde que te fuiste: estoy desolada. Pero con los días sé que llegará a ser una desolación más profunda, más honda. Hubo un terremoto y se han formado plegamientos en el terreno que antes no estaban, aunque no sé si son fallas. Fíjate qué desorientación. De pronto desconozco mi orogénesis. Irlanda, Japón y Oceanía miran al fondo del mar para descubrir el abismo. Quizás estés ahí. Quizás me haya corrido como una dorsal oceánica. No sé cuánto. Sigo hablando de profundidad. Creo que es la primera vez que voy a pasar por ello, y procuro ser positiva y reduccionista, como aquel hombre que sabe que una retinosis (nombró una enfermedad de esa raíz pero no recuerdo con exactitud cuál), va a dejarle ciego en un espacio de tiempo, relativamente reducido, y te lo explica con aquel talante de: 'por lo menos será divertido mientras te acostumbras a lo que es no ver... algo nuevo... estoy hasta expectante'. Algo que Aprender. Porque esta vez no me puedo engañar. Las otras pude. ¡Y que narices! Si hasta yo estaba dividida. Nunca, nunca he dejado que un hombre se acercase a mi yo Íntimo en todos los planos. Alguien podía estar conmigo en forma física y yo encoñada física y emocionalmente con esa persona, pero con la mente en el exterior, en otro planeta, desnutrida como una rosa sin su pequeño príncipe, invisible o sepultada por las raíces de los baobab... él no podía rozarla siquiera, no la veía, quería, lo deseaba, dominarme también de aquella forma, más que nada pero intelectualmente yo era un ser libre. Algo ridículo. Y luego viví lo contrario. Me sentí cautivada por una ''Mente''... mente y emociones desbocadas por un hombre pero mi cuerpo... que insolente y detestable es a veces el cuerpo. No sé por qué mi cuerpo era el que imponía las distancias. Se tensaba cuando él se acercaba, como un arco preparado para disparar una flecha apuntando al centro de una diana . Reaccionaba como si estuviera frente a un peligro... y luego estaba lo del olor personal. Esa pequeña cuestión tan exasperante. La nariz actúa como un detector de mentiras. Soportas a alguien, hasta que lo soportas y luego un día ya no lo puedes soportar más. También eso me ha sucedido. ¿Te está sucediendo a ti ahora? Y había un olor en aquel hombre, el que me hacía tensarme, y era un olor que me repetía , muy de vez en cuando, que aquello no era posible... Pero no pretendía hablar de eso, de la posibilidad de plantearte que hayas amado, que conozcas el Amor, y después de todo pueda ser que no... No sé siquiera porque llegué divagando hasta ahí... En realidad sólo sé que esta noche llueven mandarinas. Y menudas mandarinas llueven... como chuzos caen las mandarinas, tanto que las arterias se estremecen. Me temo lo peor. Me temo que pueda desbordarme. Ese es el Miedo ahora. Un temor meramente metereológico :)


