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Entonces creo que te envío un mensaje. Espera un segundo, voy a comprobarlo...
(¡Vaya!, ya veo que me he puesto otra vez a hablar contigo)
En ese momento todavía no pienso en Chagall. No esa mañana. Sería en quién menos habría pensado. Y tampoco en Nacha Guevara. Aunque bueno, en Nacha... Lo de Nacha era distinto. Pero en ese momento lo único que me preocupa es bajarme de ese asiento de coche que ocupo, ya. Pero ya. Soy muy impaciente.
- La despedida - pronunció
- ¡Ah! Eso. - pensé: esta sentencia de lo que desde hacia veinte minutos resultaba de lo más evidente.Ahora no me levanto. Ahora me encojo más sobre mí, y menguo como si le hubiera dado un minúsculo mordisco a una seta roja y negra con poderes mágicos. Y sí, ahora desaparezco por la madriguera de conejo. Y ahora, entonces, él no me ve y se sorprende. Y ahora lo he conseguido y yo, ya, tampoco le veo marcharse.
- Sí. Eso -contestó o algo parecido, al que tiempo que daba unos pasos en dirección a la cómoda sobre la que reposaba el cuarzo rosado. Las manos continuaban en sus bolsillos...
Callé, y recuerdo haber querido no tener que volver a hablar más. Era una regresión infantil en toda regla. ¡Joder! y en qué momento. Y él me preguntó por el cuarzo... Bueno, exactamente preguntó ... no. Dijo algo acerca del él. Hizo un comentario pero a partir de ahí no puedo seguir. Porque a partir de aquí duele.
Y lo único que deseo es ser capaz de dar marcha atrás. Porque el paisaje que evito mirar, tras los pesados cortinajes de esa ventana de hoy. duele.
Y el dolor, hoy, es distinto a lo acostumbrado.
Creo que duele como la locura, y me acosa como si fuera una niebla
espectral. Algo inhumano.Todo angustia que penetra y se propaga como un gas letal, hasta asfixiar, aniquilar como a cámara lenta , a millares de alvéolos felices pero condenados a una muerte inminente. Y estoy temblando. Que lo sepasUna niebla aciaga y terrible, que se propaga por el pasillo del alma e implacable me persigue por sus
corredores...Claro, es que no es una niebla cualquiera, son las tinieblas. Y tengo mucho miedo. Creo que más de lo que tuve aquella noche. Porque ,¿sabes? hay algo verdaderamente atroz ahí.
Y después de eso me atrevo y te llamo... quiero que escuches una grabación pero tu teléfono no acepta mi llamada. ¡Boom! Pienso que estoy cayendo. Siento que estoy cayendo en picado. Pero por lo que sea no permito que el pánico me paralice y los pocos segundos lo vuelvo a intentar. Ahora sí, el teléfono da señal y te hablo de mi pequeño susto. De pronto la proporción del temor ha menguado y me permito hasta reírme de ella. Pero ahora. Entonces te digo que voy a ponerte una grabación que explica algo que me gusta haberme encontrado ahí, en ella, al escucharla... ni siquiera sabía que estaba ahí... Cuando hablo con la grabadora normalmente he fumado minutos antes... Imagino que escuchas...
...
...
(16h07min).... Un día le llamé como ella... cuando Ana citó a Oliverio... en su casa y fingió el placer... para que lo escuchara detrás de la puerta... Le llamé así... pero de verdad...
No sé cuanto tiempo me quedé luego quieta, después que cerraste la puerta y mis ojos dejaron de mirarte, imposible que dejaran de mirarte en aquella habitación de hotel. Pero en algún momento me senté al borde de la cama y comí uno de los pasteles de manzana. Se te olvidó llevártelos. No eran sólo para mí. Yo quería compartirlo todo contigo, hasta el ruido que hice al orinar. Me preguntaba cómo sería. Era excitante como el que tú, más que escucharlo, pudieras sentirlo o imaginarlo sobre ti, cayendo encima de tu boca y resbalando por tus labios cerrados hasta empapar tu pecho y tu vientre y en su última estación, mi 'Despertar' . Dormías. Intimidad, burda también, ¿por qué no? La desnudez no se logra con metáforas hermosas sino con los líquidos destilados y los jugos mecidos del cuerpo. Y con miradas, con miradas que se desnudan. Miradas que hasta de tan intensas son un pecado. Y luego el refugio del abrazo erótico... Lié un cigarro suave y observé tras el humo-espejismo, como las persianas del edificio cercano se abrían poco a poco mientras lo fumaba. Debe ser fascinante vivir frente a las ventanas de un hotel donde unos amantes anónimos, anónimos con cada vez, se aman sin importarles que se les mire, sin desearlo siquiera, con absoluto desapego, porque nada de lo que ocurre afuera de ese cuarto, en esos instantes eternos, podría importar. ¿Pero cuántos amantes? Pienso en nosotros. El número que haríamos. No tantos, no. No así. Yo lo sentí como no lo sé explicar. Lo que te dije: 'imagínate tratar de contar con unas simples pinceladas de acuarela lo que ocurrió en un horizonte ardiendo en el crepúsculo de una experiencia crepuscular'. Trazos de amarillo, dondo no existió. Mentiras. Y quise mirarme en un cuadro de Hopper. Los repasé mentalmente. Como había pensando que siempre sería. Nunca me había quedado hasta después, ya lo sabes. Nunca fui yo la que se quedó. Huidas. Siempre huidas. Infinitas huidas. Hasta el cansancio más infinito. Pero sólo logré verme pintada como la mujer del artista. Esa mujer radiante desafiando a la claridad de un soleado día desde una cama que mira a una ventana. No era pesadumbre lo que había exactamente en mí, por eso no servían esas mujeres cabizbajas, meditabundas, tal vez atormentadas, o aquella concentrada en la lectura de no imagino que libro. Uno de Borges para terminar. ¿Qué te parece eso? Pero sigo siendo aquella casa blanca encalada en la soledad bajo la que tú escribiste: 'ya sabía yo que no tenía nada que hacer contigo'. Creí morir con aquello que parecía un espejo roto. Pero no era la Muerte, era la desesperación. ¡Qué deplorable es la desconfianza! Hablo de la mía. Y no supe la hora a la que tu tren partió. Me quedé mucho rato quieta. Repasando con alfileres mentales los detalles de la tarde y de la madrugada. No había hilo. Y tampoco hubo aquellas tres cosas que dijiste que teníamos que hablar de camino a la estación. Sólo sé que amanecimos juntos por tercera vez y que aquello no podía ser de ningún modo una despedida; así que dejé de clavarme astillas de inhospito azul infuturo bajo las uñas, y me fui a la ducha. Tomé el tren que salió a mediodía. Y pensé que mientras yo miraba aquel mar bravío al bordear la Costa, tú tal vez contemplases, a esas alturas, la llanura árida de la Meseta. Habías dejado las montañas atras y ahora ya sé dónde vives. Antes sólo lo sospechaba. Y es hermoso estar, de nuevo aquí, intentando averiguar como aprender a darte Vértigo. Quiero más. Quiero mucho más. Lo quiero Todo y no te digo quién eres...
Hace unos instantes... estuve otra vez sentada bajo tu boca, sobre tu boca............y..... llegué al mismo lugar que la otra vez................ Había como...... Hubo un estremecimiento en el cerebro..... Hablo de la otra noche, no ahora...... Era como si un rayo me partiera en dos el cerebro y se quedara justo ahí, clavado ahí......... Eso era lo que no podía soportar más....... Era increíble... y ... mi vida es un desastre desde entonces ... (aquí hay una risa que apaga las palabras y en la que Lady M. sólo trata de restarles importancia)..... Ayer fue terrible lo que pasó tío... No podía, osea no podía... no, yo quería pero lo rechazaba el cuerpo.......... al punto de que de verdad que me dio un bajón emocional tremendo y ... me quedé, me quedé como él nunca me vio porque él no miraba, ¿no? cuando me ocurría....... Estaba encogida sobre mí ....... y él hombre este me decía: 'habla, dime algo, por favor, no lo entiendo'. Hubiera sido bueno esto cuando tenía 23 años, hubiera sido muy bueno. Esas preguntas. Pero nada, no podía moverme, era una cosa... No sé cuanto estuvimos así pero él dijo: 'no es justo'... Y claro, no era justo....... Entonces me acordé... de lo que tú me contaste. De que... De pagar con otro las frustraciones que le produce a una no poder estar con... con quien desea....... Y fue milagroso, porque este tío estaba al borde de yo qué sé... del ataque de nervios... (lady M. emplea aquí una risa batiente como un aletear de pestañas)... Nunca le había visto así. Yo no me podía mover .. y le dije que sí, que no era justo. Claro, a partir de ahí pude reaccionar. Nada, no me costó nada salir pero luego me quería quedar sola, sola, sola, sola..... Y... esta mañana, había quedado con Cristina, (borrado), ... y... así es agradable ser deseada pero yo no podía sentir deseo... Es como si no pudiera sentir deseo........ Entonces, antes lo que noté, era que me faltaba algo. Me faltaba algo, no es que es que tenga algo dentro, es que me falta algo. No sé, es a ratos... por momentos pienso una cosa... siento una cosa y luego es la otra... Es que es un caso esto... (lady M. sigue riéndose con suavidad pero aquí)... Es divertido... (roza la carcajada)... pero no lo entiende nadie, no lo está empezando a entender nadie... Y ... luego me fui a comer con un amigo, Fernando, de aquí, del blog... Y le tuve al pobre dos horas y media paseando bajo la lluvia, enseñándole toda la ciudad y hablándole del invierno. Sobre todo del invierno porque... yo estoy enamorada de esa estación... Me encantó, me encantó toda la película pero... el invierno me enganchó... Es como que es algo muy mío.... yyyy... que lo tengo que recuperar............ Es que ahora mismo no existe nada, nada... Es como estar... es como estar contigo cuando dormías.
Enciendo el teléfono móvil. Es muy temprano. Aún no ha sonado el despertador pero me levanto quince minutos antes. La gata maulla. Todavía no estoy nerviosa. La gata me sigue ronroneando por toda la casa. El café al cinco mientras el pan se descongela en el microondas. Una música. Es un mensaje. Es suyo. Dice:
17h29min... Seguía comiendo lo que le daban de comer a los prisioneros... un paquete de arroz hervido y media manzana.

Es que desde que ocurrió eso... ayer al mediodía, no tuve más que decir, hasta ahora, hasta que te envié ese mensaje que ya sé que has recibido: Joder! No puedo más. Me parece que voy a Estallar. Procuro no pensar en ti y no hago otra cosa que Pensar en ti. No sé cómo contenerme. Me estoy volviendo loca de Deseo. Te lo juro: esto arde y es una Agonía.
(Grito de gavilan)... murmullo de una voz lejana en un buzón de voz... Hola... que....... te llamo porque esta es una llamada de alegría absoluta, tío... (risa suave)...
Ayer me llamas a la sobremesa y me encuentras ausente. Es igual, dejas aguardando una noticia extraordinaria en mi buzón de voz, y parece que los Planetas, por fín, se alínean. Yo la escucho y te llamo antes de que llegue Joaquín, hemos quedado a las cuatro y media... me río, te explico, estoy fumando, en la calle hace frío y la gente pasa por la acera de enfrente bajo el resguardo de sus anorak; yo no tengo frío, no lo tengo no sé por qué desde la tarde del domingo y no quiero enfriarme ahora, ahora no, no quiero experimentar ninguna división celular... y te cuento mi última fantasía, la de la ducha, por lo que estaba Ausente cuando tú llamaste... y estoy feliz en ese momento. Y luego, a poco más de la hora te llamo de nuevo. Pero entonces me río porque estoy Asustada, sigo en la calle, y aunque lo que te cuente sólo sea un espejismo de esperanza que he creído entreveer... Estoy Comprendiendo el Dolor. Ahora mismo el tuyo me importa más que el mío. O eso es lo que calma al mío. Pero aún no sé como lograr amansarlo, a no ser, claro, que yo esté en lo cierto... Me refiero a aquello del ''trance'', lo que dije y quedó registrado en la grabadora. Y a la noche vuelvo a estar feliz. Lo que ocurre es que ya no me apetece llamarte. Bueno sí, qué tontería, te digo que sí: que estoy borracha (he bebido vino tinto como Li Po con mi sombra y la luna), y fumada y feliz pero que como te respeto... no te gimo lo que siento. Y sobre todo, entre paréntesis, te escribo: 'estoy sola'. Y sé que tú lo Entiendes y eso también calma el Dolor.
Supongo que Coga no terminó de creérselo hasta que se fijó en como yo depositaba con cuidado la botella de Baileys sobre la cinta transportadora de la caja. Ahora sí -dijo. Ahora sí me lo creo. Pero en ese instante sólo le miré enfadada. Me sentía molesta por como había estropeado mi pequeño e inesperado placer del día. Un hombre atractivo, muy alto y atlético de pelo cano y que tendría alrededor de los cincuenta años, se había detenido tras de mí con sólo una bandeja de salmón en las manos. Nos habíamos mirado varias veces durante los últimos minutos. No sé desde dónde me seguía y no sé qué pude haberle dicho yo con la mirada. Hoy compraba distraída. Sólo voy a ese supermercado una vez al mes y me limito a llenar el carro con lo que llevo previsto en la cabeza. No me gustan las labores domésticas. Soy un caso perdido según María de los Ángeles, y ni siquiera esa, así que mientras tanto procuro entretenerme a mi manera. Por ejemplo buscando entre los pasillos un tipo solitario que me resulte sexy. Pero hoy no. Hoy ese nervio del cuello y el dolor me hacían encorvarme con algo semejante a la amargura. Es que es un dolor auténticamente desalentador. Así que no sé dónde pudimos cruzarnos... cuando le vi simplemente estaba por allí. Y claro otras veces siempre lo sé, suele ser por la zona de las cervezas y las bebidas alcohólicas. Los hombres se sienten más relajados en esa sección o también en la de conservas. Pero yo no estoy enamorada de un Hombre, no; él es dulce, débil, frágil y precioso... pero que yo le sienta así no quiere decir que lo sea. De hecho es más hombre que cualquiera de los que he conocido en el mismo sentido. También es duro, es distante, es infantil, discontinuo; es impaciente, y lento, contenido, desesperante e inexorable... aunque creo que no me gustaría si fuera de otro modo. No me van nada los lanzados. Nunca me han ído. Y le llamo por teléfono al mediodía. Justo cuando me encuentro delante de ese otro hombre que le precedió en mi angosto y pavoroso universo emocional (es que a ellos suele darles ahogo y miedo el saberse ahí), y que enloquecía mis diástoles incluso con sólo confundirle con otro de lejos por la calle pero hoy ya no me provoca nada en ese pasillo, ni una mísera palpitación más estridente o arrítmica que la anterior, todo en orden y sobretodo frío, muy frío pero otra vez salta el buzón de voz, y ya no hablo. Me siento como si hubiera sido expulsada de ese tranquilizador edén en el que he estado jugando a refugiarme... Es que primero tardé, yo que sé... pero muchos meses en dejarle un primer mensaje. Fue una tarde de junio. Eso sí lo recuerdo. Él me dijo que si quería hacerle un regalo, que le dejara un mensaje en su buzón de voz... con lo difícil que me resultaba. Luego pasaron dos meses y después casi lo único que hacía era eso dejarle mensajes, uno tras otro, en ese mismo buzón de voz. Él decía que sólo quería eso hasta que nos viéramos en Otoño. Orgasmos y palabras gemidas. Yo mutilándome un poco en cada llamada para tratar de que él, en no sé qué parte del Mundo, deseara abrazarme. Y él sábado dijo: 'Se acabaron los gemidos solitarios. No quiero eso. Quiero...', y sí, aquella tarde todavía me atreví a dejarle uno... uno en el que le contaba que no sé dónde me meto, cuando pienso que no voy a volver a verle más... que no sé dónde me metó pero que sea dónde sea ... esta última vez me costó mucho regresar de ahí... y que ya lo único que quiero es ser dichosa durante unas horas pero con él... a solas con él en persona.
14.11.05... (15h42min)... Se me ocurre que a lo mejor tú todavía no hayas probado la sensación de follar con un cuerpo embadurnado en vaselina de menta. Sería como si dos delfines follaran en un mar blanco con sabor a albahaca y con olor a clorofila. Así nos olvidaríamos del cuerpo y hasta de lo que nos duele... y reiríamos dichosos como niños. Lo sé.
Tuve un frío grande. Un frío gélido que duró hasta ahora mismo casi, hasta hace unos diez minutos, y desde ayer o puede que ya desde antes de ayer, un frío que comenzó en el viernes de madrugada, se consagró al mediodía y no expiró justo hasta cuando te envié ese mensaje que decía: 'A ver, hombre de labios preciosos: ¿Cuándo puedo llamarte? -sonrisa-.Stop.