Wednesday, November 30, 2005

- veintiuno -

En ese momento todavía no pienso en Chagall. No esa mañana. Sería en quién menos habría pensado. Y tampoco en Nacha Guevara. Aunque bueno, en Nacha... Lo de Nacha era distinto. Pero en ese momento lo único que me preocupa es bajarme de ese asiento de coche que ocupo, ya. Pero ya. Soy muy impaciente.

Coga conduce. Y según él vamos muy justos de tiempo. Yo no. Yo voy estupenda y le he arreglado a Coga una cita con Joaquín, una de mis últimas fantasías sexuales, una de las que todavía me sucedían hasta principios de la semana pasada. La cita es temprano, a primera hora de la tarde. Estuvo bien pensado. Pensaba mientras follaba con Coga (no lo vuelto a hacer) en la aprensión incomprensible de Joaquín por el tamaño de mis anómalos nódulos linfáticos y en su polla. Quiero decir en la de Joaquín. Me la imaginaba como él, alargada, muy alargada y estrecha y cetrina, oscura. Me resultaba gracioso su repentino pavor y mientras olía su excitación sexual. ¿A qué le tenía miedo en realidad? Hacía más de media hora que su olor se me había anclado al olfato. No era deseable pero era excitante y me recordaba ligeramente al cardomomo. Y me pareció perfecto. Me encantaría llegar a tenerles a los dos un día en mi cama (bueno, tal vez en su camilla; mi fantasía ocurre ahí), y pensé que para eso lo esencial era reunirles, que se conocieran. Por eso Coga protestaba; porque se había ofrecido a acercarme hasta esa ciudad y le parecía que se le echaba el tiempo encima, para comer y luego hacer la digestión. A Joaquín es conveniente visitarlo con el estómago medio lleno. Es delgado pero sus manos son duras. No como el titanio, como acostumbran a decirle sus pacientes, sobre todo por sus pulgares, pero a mí no me trató así. Sé que me trató con muchas emociones contradictorias, incluso la del rechazo pero no con dureza. Además yo soy una resistente, y puede que tanto como él a pesar de su juventud. Así que convencí a Coga para que fuera a visitarle y yo misma le arreglé una cita en el día que más me convenía. Esa tarde

Y a la entrada de la ciudad, justo al pasar por delante de las vías del tren, el semáforo se detuvo. Estaba claro que ese mediodía la vida me sonreía. ¿Me da tiempo a bajarme aquí? -le pregunté. De sobra, dijo él. Entonces abrí la portezuela del vehículo y procurando economizar movimientos: pisé con las botas en el asfalto, agarré mi bolsa de viaje del asiento trasero, me subí a la acera y me despedí de él mientras le perdía de vista entre la circulación. Unos cincuenta metros más allá cruzo por el paso y alcanzo las escaleras de la Estación

2 Comments:

At Wednesday, November 30, 2005 1:08:00 PM, Blogger inmiky said...

Hola!
Me alegró muchisimo que le encantara mi blogg. Es suyo, tampoco deja indiferente a mi persona. No dude que volveré por aquí a hacerle más visitas. Un beso muy fuerte

 
At Wednesday, November 30, 2005 2:38:00 PM, Blogger humilde said...

....me parece tremendamente original la manera en la que ha enfocado ésta, su criatura.... quizás porque se parece demasiado a la mía.... verdad? aunque solo sea en la forma.... Realmente de todo lo que he leído solo me atrevo a comentar el último post.... no se disguste, siempre me pasa igual.... y de él, lo que me encanta es la palabra final: Estación.... con mayúsculas.... que recuerdos, que nostalgias, que proyectos, que edificio.... es dilatada su obra, me guardo otro poco para otro día, y a la vez que le agradezco su visita por mi humilde morada, le anuncio que a partir de hoy, me tendrá como huesped cotidiano, de esos que pasan, opinan un poco y se van.... o sea, de los que pasados un par de días, parecen de toda la vida.... :)

PD: aunque sea más abajo, me encanta su sintonía a lo Norah....

 

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