Sunday, November 27, 2005

- trece -

No sé cuanto tiempo me quedé luego quieta, después que cerraste la puerta y mis ojos dejaron de mirarte, imposible que dejaran de mirarte en aquella habitación de hotel. Pero en algún momento me senté al borde de la cama y comí uno de los pasteles de manzana. Se te olvidó llevártelos. No eran sólo para mí. Yo quería compartirlo todo contigo, hasta el ruido que hice al orinar. Me preguntaba cómo sería. Era excitante como el que tú, más que escucharlo, pudieras sentirlo o imaginarlo sobre ti, cayendo encima de tu boca y resbalando por tus labios cerrados hasta empapar tu pecho y tu vientre y en su última estación, mi 'Despertar' . Dormías. Intimidad, burda también, ¿por qué no? La desnudez no se logra con metáforas hermosas sino con los líquidos destilados y los jugos mecidos del cuerpo. Y con miradas, con miradas que se desnudan. Miradas que hasta de tan intensas son un pecado. Y luego el refugio del abrazo erótico... Lié un cigarro suave y observé tras el humo-espejismo, como las persianas del edificio cercano se abrían poco a poco mientras lo fumaba. Debe ser fascinante vivir frente a las ventanas de un hotel donde unos amantes anónimos, anónimos con cada vez, se aman sin importarles que se les mire, sin desearlo siquiera, con absoluto desapego, porque nada de lo que ocurre afuera de ese cuarto, en esos instantes eternos, podría importar. ¿Pero cuántos amantes? Pienso en nosotros. El número que haríamos. No tantos, no. No así. Yo lo sentí como no lo sé explicar. Lo que te dije: 'imagínate tratar de contar con unas simples pinceladas de acuarela lo que ocurrió en un horizonte ardiendo en el crepúsculo de una experiencia crepuscular'. Trazos de amarillo, dondo no existió. Mentiras. Y quise mirarme en un cuadro de Hopper. Los repasé mentalmente. Como había pensando que siempre sería. Nunca me había quedado hasta después, ya lo sabes. Nunca fui yo la que se quedó. Huidas. Siempre huidas. Infinitas huidas. Hasta el cansancio más infinito. Pero sólo logré verme pintada como la mujer del artista. Esa mujer radiante desafiando a la claridad de un soleado día desde una cama que mira a una ventana. No era pesadumbre lo que había exactamente en mí, por eso no servían esas mujeres cabizbajas, meditabundas, tal vez atormentadas, o aquella concentrada en la lectura de no imagino que libro. Uno de Borges para terminar. ¿Qué te parece eso? Pero sigo siendo aquella casa blanca encalada en la soledad bajo la que tú escribiste: 'ya sabía yo que no tenía nada que hacer contigo'. Creí morir con aquello que parecía un espejo roto. Pero no era la Muerte, era la desesperación. ¡Qué deplorable es la desconfianza! Hablo de la mía. Y no supe la hora a la que tu tren partió. Me quedé mucho rato quieta. Repasando con alfileres mentales los detalles de la tarde y de la madrugada. No había hilo. Y tampoco hubo aquellas tres cosas que dijiste que teníamos que hablar de camino a la estación. Sólo sé que amanecimos juntos por tercera vez y que aquello no podía ser de ningún modo una despedida; así que dejé de clavarme astillas de inhospito azul infuturo bajo las uñas, y me fui a la ducha. Tomé el tren que salió a mediodía. Y pensé que mientras yo miraba aquel mar bravío al bordear la Costa, tú tal vez contemplases, a esas alturas, la llanura árida de la Meseta. Habías dejado las montañas atras y ahora ya sé dónde vives. Antes sólo lo sospechaba. Y es hermoso estar, de nuevo aquí, intentando averiguar como aprender a darte Vértigo. Quiero más. Quiero mucho más. Lo quiero Todo y no te digo quién eres...

Escucho 'One Night' de the Corrs

2 Comments:

At Sunday, November 27, 2005 11:48:00 PM, Blogger Javier said...

Es grato reencontrar tus textos. Es muy grato recordar lo que no ha pasado entree nosotros.
Es magico recordar tus gemidos en la oscura penumbra del cuadro.
Quizás no nos hemos encontrado, o quizás ya lo hemos hecho dentro de un bar a punto de cerrar y nos hemos dicho cosas, confidencias de barra de bar, que marcan el camino de vuelta a casa y a pensar en lo mucho que nos deseamos y lo poco que lo manifestamos.
Espero que en ese norte de donde vienes haya un hueco para uno de la meseta.
Quien sabe si un puñalón clavado en una madera de haya pueda dar frutos de pasión, pero el intentarlo no nos dejaría indiferentes...el recibir una nota tuya...el recibir una cita escueta del estilo en el bar de siempre a la hora de costumbre...
Pero como no hay bar de siempre ni hora de costumbre, seguirñe imaginando y soñando con la cita que no tuvimos, con los besos que no nos dimos con los gemidos que no tuvimos, con la pasión que no se desató...

 
At Monday, November 28, 2005 2:42:00 AM, Blogger LAPRADERA said...

tus relatos me recuerdan momentos , en los que amé a alguien con dueño , en los que lo compartí en silencio , con nudos de nervios en la boca del estómago...sin poder gritar a los cuatro vientos , que lo tenía para mí, que era más mío que de ella , que yo tambien tenía un marido, que esperaba en casa mi vuelta , que me metía en la cama con él , y que no era suya...
una mezcla de dolor y amor ... que ahora , despues de ocho años...queda apaciguada , pero no olvidada ...

un beso

 

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